
Antonio Lauro es el compositor venezolano más reconocido a nivel internacional gracias a su obra para guitarra la cual forma parte del repertorio guitarrístico mundial. Músico que alcanzó la universalidad gracias al difícil arte de la decantación y la maduración intelectual para dominar la sencillez en una suerte de ilusión mágica que, ocultando el cálculo y el profundo conocimiento, solo hace llegar al oyente la más pura sensación de lo espontáneo.
Nació en Ciudad Bolívar, Estado Bolívar, el 3 de agosto de 1917. A los nueve años se traslada con toda su familia a Caracas. Siendo un niño de grandes aptitudes para la música, logra vencer, con dificultad, la resistencia familiar que veía sus inclinaciones artísticas con un prejuicio lleno de contradicciones. En la adolescencia consigue trabajo como guitarrista acompañante en la radiodifusión. Entre 1930 y 1947 se consolida su preparación profesional en la Escuela Nacional de Música y Declamación destacándose en composición y en guitarra. Lauro estudió guitarra con Raúl Borges quien fue el fundador, en 1932, de una de las primeras cátedras de guitarra clásica que se abrió en el mundo y de la cual se constituyó la importante escuela guitarrística de Venezuela.
La obra de Lauro para guitarra abarca desde valses, en los cuales se reconoce la continuación de una tradición venida del siglo XIX cuya cúspide fue alcanzada por Ramón Delgado Palacios, hasta una Sonata y una Suite Venezolana escritas en un lenguaje más personal durante los once meses que estuvo en cautiverio por conspirar contra la dictadura de Pérez Jiménez, entre 1951 y 1952. La guitarra fue el elemento traductor del mundo creativo de Antonio Lauro. Dedicó a este instrumento sus obras más memorables e incluso, al escribir piezas orquestales o para otros instrumentos, siempre mantuvo presente el intimismo tímbrico de la guitarra. Su obra orquestal, incluye su Concierto para guitarra, donde demuestra, con evidente influencia de Rimsky-Korsakoff en la orquestación, el tino para balancear los recursos de sonoridad y matices del instrumento con la grandilocuencia orquestal. Sobresale, también en su obra, Los Giros Negroides, obra monumental inspirada en elementos de la música afrovenezolana. La historia de esta suite orquestal estrenada el 25 de julio de 1955 tiene mucho que ver con la presencia del escritor y musicólogo cubano Alejo Carpentier en Venezuela durante la década del 50. Fue él quien entusiasmó a Lauro para acercarse al mundo particular de las culturas afroamericanas contando con el apoyo del poeta venezolano Juan Liscano quién organizó una serie de audiciones de conjuntos venidos de la región central de Barlovento. En su catálogo se incluyen obras para piano y música coral de extraordinaria belleza. Fue fundador del conjunto Los cantores del Trópico junto a Manuel Enrique Pérez Díaz, Marco Tulio Maristany (1916-1987) y Eduardo Serrano (1911), así como del Trío Raúl Borges con Flaminia Montenegro de De Sola (1922-1984) y Antonio Ochoa (1918-1984) y del grupo coral Los Madrigalistas, de la Radio Nacional de Venezuela. Fue profesor de guitarra y composición en el Conservatorio Nacional de Música Juan José Landaeta de Caracas y murió el 18 de abril de 1986.



